CAPÍTULO I
RUDIMENTO
La vida comienza con nuestra mente en blanco y la
mayoría del tiempo así permanece; como cuando nos hacen una pregunta importante
o nos dicen la típica frase “cuéntame sobre ti” y olvidamos el idioma que
manejamos, olvidamos que podemos pronunciar
fonema alguno. Mas sin embargo,
existen momentos que quisiéramos obviar y hacer como si nunca pasaron pero
tratando de olvidar los sólo conseguimos
adherir los aún más a esa telaraña
viscosa, al parecer hecha de algodón de azúcar que solemos llamar “mente”; es dulce y aun así, cuando éramos niños -más
que todo a las niñas- se nos quedaba en el cabello y nuestra madre su cara
fruncía y trataba de quitarla pero ésta era fuerte y se regaba más, lo cual
dificultaba su extracción. Así son los pensamientos indeseados, tratas de
suprimirlos y renuentes luchan por un
lugar en la autopista de los sueños.
Y nada
ayuda… nada ayuda cuando hasta el simple rose de la brisa en tus mejillas te
recuerda que él respiraba ese aire. Hay que ser fuertes, ducharse y no quedarse
en la cama como si la vida se detuviera a esperar que todo recobre su lugar y
sentido.
Me hace recordar esto a lo que llamamos “amor” y…
¿qué es el amor? Es estar
pendiente de esa persona, ayudarla en lo que puedas, olvidarte de lo que
sientes y tratar de que esté feliz… ¿En serio? Eso parece más agotador que un
trabajo de 18hrs continuas. En realidad es uno de los pocos sentimientos creo,
que no se puede definir con palabras; simplemente es la mucosa en tus pulmones
que no te deja respirar; lo que te hace
colocar esa mirada acosadora sobre la otra persona cuando la ves y comienzas a
experimentar un vacío y un dolor en tu pecho como si desceparan tu corazón del
mediastino. El amor si me lo preguntan,
nos vuelven, literalmente, personas de mentes atrofiadas; hay momentos en lo que nos sentimos plenos, vivaces y con
ganas de vivir una vida alocada en
conjunto a esa persona, claro está; como también hay días –en el caso de las
mujeres debe ser las hormonas- hacemos drama de la nada, tanto en los hombres
como en las mujeres nuestro nivel de tolerancia, en esos instantes es cero, y si no tenemos algo que
refutar comenzamos a fisgonear el pasado y sacar en cara todo aquello que
habíamos erradicado sin razón alguna.
Pero… ¿qué sería el amor sin esas pequeñas discusiones tontas? Cuando en medio
de la disputa miras su rostro y en sus ojos se refleja su inmensa… idiotez, que
ya perdió el hilo de la conversación y ni tiene idea de que dice pero sigue en
marcha su habladuría, pero sonríe e irradia todo el espacio y no puedes evitar mantener
amarrados los sentimientos y se “soluciona” todo… de momento. El amor mis queridos amigos, es una locura.
Citando a
Raymond Carver, “¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?”. Cuando creemos estar enamorados de una
persona es inevitable quedarse callado –por lo menos en mi caso-, y existen
muchas personas que cuando conocen una nueva persona y se sienten ilusionados,
pasan, literalmente, hora y horas hablando acerca de esa persona; pero el
silencio surge cuando le queremos comentar a nuestra familia sobre lo
excepcional que te resulta tu nueva pareja y, si tú lo crees así ¿por qué
sentimos aprensión al comunicarle esto a un ser allegado?